En la era de la autenticidad, no necesitamos nuevas palabras de parte de Dios; más bien, necesitamos repetir lo que Él ya ha dicho. Hace años, yo era parte del equipo editorial de una revista publicada por una organización cristiana conservadora. Debido a que el nombre de la organización estaba en la cabecera, la reputación de la misma estaba asociada con las ideas y los autores que aparecían dentro de sus páginas. Algunos de nuestros lectores también eran donantes que, de vez en cuando, se quejaban cuando el «pedigrí» de un autor o la naturaleza de las ideas expresadas no…